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Tema: Obsolescencia de componentes eléctricos y electrónicos

El procedimiento suele ser el siguiente: uno de los aparatos electrónicos de uso habitual falla. Cuando el dueño lo lleva a reparar, en el servicio técnico le dicen que resulta más rentable comprar uno nuevo que arreglarlo.
Generalmente el precio de la mano de obra, las piezas estropeadas y el montaje suelen costar un poco más que adquirir uno nuevo. Por ello normalmente el usuario suele desechar el producto averiado y comprar uno nuevo. Esto ocurre en algunos componentes digitales de la computadora tales como la impresora, las unidades de disco óptico, los monitores LCD ó LED, la tarjeta madre o el mismo microprocesador. Afortunadamente no ocurre así con los monitores CRT, parlantes, equipos de audio y vídeo como el reproductor de DVD, televisores, radios, deck de cassette, equipos de sonido, todos ellos -la gran mayoría analógicos- son reparables.
El problema se basa en la gran cantidad de residuos que se originan actualmente al realizarse este fenómeno una y otra vez, cada día, en todo el mundo. En el orbe hay más de 7 000 000 000 de habitantes, y el número continúa creciendo: hay un aumento poblacional de 210 000 personas por día. La generación diaria promedio de basura «per cápita» es de 1 kg: alrededor del mundo, en tan sólo un día se generan 7 000 000 000 kg de desechos.
Una vasta cantidad de éstos no son biodegradables, y el tiempo que transcurre hasta que se considere que ha ocurrido descomposición, al menos parcial, puede ser muy prolongado. Además muchas veces los residuos son altamente contaminantes. Esto incide negativamente tanto en la integridad del entorno como en la salud de sus habitantes.
Los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) contienen materiales recuperables, que evitan la explotación de nuevos recursos naturales, y otros que pueden ser inficionantes, de modo que si no se les trata adecuadamente pueden resultar dañinos para el ambiente.
Tales elementos electrónicos contienen materiales tan contaminantes como el plástico, el polipropileno (PP), las baterías de plomo, etc. El plástico es el material más lento para degradarse: de 100 a 1 000 años. Al aire libre pierde tonicidad, se fragmenta y se dispersa. Enterrado dura más.
La mayoría está hecho de tereftalato de polietileno (PET), material duro de roer: los microorganismos carecen de medios para atacarlos. El polipropileno tarda 1 000 años en descomponerse, contamina menos que el poliestireno (PS) pero también tarda. Aun así el plástico queda reducido a moléculas sintéticas, invisibles pero omnipresentes.
Una de las partes muy preocupantes es la relativa a baterías (o acumuladores) de plomo, invento que remonta a 1889. Debido a su elevado contenido de plomo implica grave peligro para el ser humano y para el ambiente. Respirar polvo o emanaciones de vapor de este metal puede provocar graves perturbaciones para la salud, incluida la muerte, además de perjudicar el entorno, advierte el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente).
Según los cálculos de este organismo internacional, de los 2,5 millones de toneladas de plomo que se generan anualmente en todo el mundo, tres cuartas partes sirven para fabricación de baterías, que se utilizan en automóviles, teléfonos y computadoras portátiles o en las industrias.

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