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Tema: Gómez Noya, el corazón es de plata

Nombre del paciente: Javier Gómez Noya. Edad: 17 años. Diagnóstico: 'No apto'. Tiene prohibido cualquier ejercicio físico. Su corazón es débil. Se le receta una vida reposada.
El chaval, que prometía en el triatlón, no hizo caso. Rebelde. Agarró su corazón y nadó por semana 30 kilómetros, pedaleó 350 más y corrió otros 80. Tampoco así le levantaron la sentencia. El 'no apto' repiqueteaba en su cerebro. Y le quitaron la licencia. Tres años inválido, excluido. Firmó un papel en el que asumía los riesgos. El corazón es suyo. Tiene derecho a romperlo. Tan insistente fue que le dieron permiso para competir.
Ganó el mundial sub'23 de triatlón. Con su corazón herido. Ayer, tras haber sido ya campeón del mundo absoluto, logró la plata en el triatlón olímpico, la primera medalla española en esta modalidad. A todo latir, Noya llegó segundo tras Alistair, el mayor de los hermano Brownlee, y por delante del pequeño, de Jonathan, que entró sonámbulo y tuvieron que reanimarlo con suero. El triatlón es bestial. Necesita mucho corazón. El de Noya.
Es un deporte guerrero. Lo inventaron los marines en una apuesta. ¿Qué es más duro, nadar, pedalear o correr? Mejor todo junto. El estanque de Hyde Park hacía de piscina: kilómetro y medio de braceo entre patos que punteaban el agua al despegar. Buen sitio. Gómez Noya iba pendiente de los Brownlee. El año pasado, en el campeonato de Europa, uno de ellos le agarró el pie bajo el agua para beneficiar a su hermano. Trampa submarina. No se ve. Y pasa de todo. Noya, de talla media en un mundo de pívots, se puso tras el eslovaco Varga. Buen navegante. El agua estaba a 19 grados. Y con ese frío se permiten los trajes de neopreno. «Eso me va bien», dijo el gallego. Reduce las diferencias en ese tramo. Salió segundo del agua (17m.00), tras Varga. Los Brownlee, pegados (17.02).
Son hijos de una buena familia de Leeds. De padre pediatra y madre médico. Los dos deportistas. Alistair estudió medicina en Cambridge y Jonathan cursa Historia. Juntos dominan el triatlón desde 2009. Y quería entrar de la mano en la meta de sus Juegos. Solo Noya podía partir ese plan. Es hijo de gallegos emigrantes en Suiza, en Basilea. Y le tiene alergia a los médicos. 'No apto', le condenaron.
Los 43 kilómetros en bicicleta reagruparon a los candidatos. Noya iba solo. Así es su vida. Frente a todo. Los Brownlee tenían gregarios: el también británico Hayes, el eslovaco Varga y el ruso Vasiliev. Noya, dicen, es un competidor frío. Mide como nadie cuando el corazón se vuelve loco por el esfuerzo. Una vez le dijeron que puede morir en carrera. Ya no le asusta nada.
El primer kilómetro
Lo tenía calculado. Sabía que en la prueba había un cruce de caminos. El tránsito de la bici a la carrera a pie. Ese primer kilómetro. Los Brownlee rompen siempre ahí. Es como la cuesta final en el ciclismo. Noya ha estado meses en Fuerteventura, en su isla, ensayando ese momento. Rompiéndose las piernas para cubrir esos mil metros en 2 minutos y 45 segundos. Es el momento cruel: cuando más duelen las piernas tras una hora de bicicleta.
Ahí, como él sabía, rodaron las medallas. Se fueron los hermanos y un corazón. Los Brownlee y Noya. «En otras carreras escucho los jadeos de los rivales. Siento cómo van. Aquí era imposible por los aplausos de la gente», contó Noya. A cada paso por la meta miraba la televisión gigante. Veía las caras de los Brownlee. Alistair corría con el cuchillo entre los dientes. Ufff. El oro se iba. Pero la mirada de Jonathan suplicaba.
«Además, tenía que pararse 15 segundos porque había sido sancionado», manejaba Noya. Cierto. Así es la norma: Jonathan Brownlee saltó de la bicicleta más tarde de lo permitido. Multa. Noya ya tenía la plata. El oro, en cambio, empezó a alejarse. Gota a gota. El grifo contó hasta once. Los segundos que Alistair le sacó en la meta.
El inglés marcó unos increíbles 29 minutos y 7 segundos en esos tremendos 10 kilómetros. Noya necesitó nueve segundos más (29.16). El tiempo entre el oro y la primera plata de un triatleta español. «Merece esa medalla», dijeron sus compañeros, Mola (19º) y Pérez (24). «Es un ejemplo para nosotros», afirmaron.
Un tipo que se juega la vida por nadar, pedalear y correr. Por elegir cómo quiere vivir. A todo corazón.

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