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Tema: Día Internacional del Teatro

El director de la Casa del Teatro de Medellín escribió el mensaje nacional para esta jornada.

Hoy, se celebra el Día Internacional del Teatro y en Colombia, además de la programación nacional que cuenta con la presentación de varias obras con entrada libre, también se le rinde homenaje a la directora Beatriz Camargo, fundadora del Teatro Itinerante del Sol (Lea también 'Homenaje al teatro cósmico de Beatriz Camargo').

Para esta jornada, que es impulsada por el Instituto Internacional del Teatro (ITI), el director de la Casa del Teatro de Medellín, Gilberto Martínez, escribió un mensaje nacional destaca la importancia de este arte. 
A continuación, reproducimos las palabras del director antioqueño, que tiene más de 40 años de experiencia escénica:
Para mí es un honor el poder, este 27 de marzo de 2014, Día internacional del Teatro y recién cumplidos los 80 años, dirigirme a todos aquellos que de una o de otra forma han considerado este arte milenario como una forma de vida.
Hace unos años, me desplacé con el grupo de la Corporación Teatro Libre de Medellín a una población a seis horas en bus de la capital del departamento de Antioquia. El valle donde está asentado el pueblo tiene una extensión de 18.000 hectáreas, irrigadas por el rio Pendedisco, propiedad de unos 44 terratenientes.
El objetivo, la presentación de la obra 'Revolución en América del sur', de mi querido y fallecido amigo Augusto Boal, el nunca olvidado creador del 'Teatro del oprimido'.
El protagonista, José Silva, obrero de la industria de la construcción, es perseguido por la clase política para que se digne votar. Fue un día domingo a la hora de la misa, 11 de la mañana, en la plaza del pueblo cercada por la fuerza militar para evitar desórdenes. Iniciamos la presentación de la obra: 8 actores y una actriz.
Mientras unos actuábamos, los demás observaban sentados al lado de pequeños cajones en donde se guardaban los objetos de utilería característicos del personaje a interpretar y que se ponían cuando les tocaba el turno.
Antes de cantar la canción final que terminaba con el estribillo: "Pueden olvidar la pieza, sólo deben recordar que si el teatro es un juego, afuera está la verdad", debía levantarme y encarnar el papel de un político que arengaba a los espectadores a votar.
Cuando inicie el discurso, se desató una ráfaga de detonaciones que hizo sin pensarlo dos veces, que me lanzara al piso. Caí cerca del actor protagonista de la pieza. Me miró en forma inquisidora y de reproche. 'El fuego' continuaba. Sin apuro y en forma nítida, me dijo: “Hay que ser consecuente compañero”.
No tuve más remedio que continuar sin medir en ese momento, el alcance que dicha sentencia iba a tener en mi concepción y compromiso con el teatro que hacía, sobre todo al enterarme que las detonaciones fueron producidas por fuegos artificiales que había colocado el cura párroco en un muñeco que debía ser incinerado el 31 de diciembre como parte de la celebración de año nuevo.
Comprendí que hacer teatro es una manera de encarar nuestra vida, de ejercer el poder de crear y decidir, que asumir la existencia en un todo y por un todo, con la visceralidad del que goza y sufre por pertenecer al género humano.
Pero también quiero decirles a todos, que creo necesario hacer en este día un alto en el camino, puede ser un instante, para preguntarnos: “¿Qué es el teatro actualmente y qué significa?” y sobre todo “¿Qué significa para nosotros y nuestra cotidianidad?”
Por ejemplo, pregunto: ¿debe el teatro de arte, arte como oficio de crear, con el que me he comprometido, ser digerido con nuestro beneplácito por la corriente de la cultura globalizada de las masas con fines económicos?
Pienso que dejar que eso suceda es la manera más fácil de enfrentar nuestro compromiso existencial con el arte teatral.
Hacerle el juego a las industrias culturales que dicen que al público hay que darle lo que pide, sin cuestionarse que ese pedir, ese gusto, está condicionado por ellas mismas, es eludir respuestas menos alienantes.
Antes los embates, lo único que debemos mantener es la ética del oficio que hemos escogido para realizarnos como creadores y esa ética del oficio la que debe desmontarnos de la retórica de la autosuficiencia que sólo alimenta nuestro ego y plantear, basados en la ciencia y nuevos recursos tecnológicos, una reteatralización del teatro de arte, que contemple en la acción, base fundamental del teatro, una equivalencia justa, nítida y significativa entre la forma y el contenido.
Y nos tenemos que preguntar como lo hace el maestro Santiago García sobre el grado de receptividad del espectador de nuestro tiempo, ese espectador que vive, igual que nosotros, una realidad compleja y desconcertante y que al confrontarse con el objeto artístico se cuestiona, o por lo menos creemos debe cuestionarse acerca de sus creencias.
“Cómo no cuestionarse sobre la cultura del espectáculo, del entretenimiento y de la conversión de todo en mercancía”, dice el maestro García.
El teatro no da respuestas, por eso no debemos proponer un sistema, ni método, ni un manual en el sentido estricto de los términos, solo el reflexionar sobre un conjunto de saberes dados por y en una práctica constate del que hacer, cuyos fines han sido la búsqueda de una eficaz y sincera manera de comunicar a través de ese hacer, heridas de vida.
Una herida de vida como relieve de un acontecimiento en el tapete de las banalidades, en otras palabras, un trabajo teatral bajo la concepción de una puesta en relieve que conmueva y despierte en nosotros la necesidad de ser mejores como seres humanos.
A todos los creadores del mundo y de Colombia, mi saludo fraternal y al espectador que aún conserva la esperanza de un mundo mejor y en paz, una invitación para que celebren con nosotros este Día internacional del teatro.

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